Con Willie Buck llegó el auténtico blues de Chicago, en un Soul Food Fest a rebosar

Pura emoción la que vivimos el jueves en la III edición del Soul Food Fest, con un Auditorio Caló de s’Oli como nunca lo habíamos visto, con cientos de personas gozando de la música y demostrándonos algo que ya sospechábamos: que en Ibiza hay muchos más aficionados al blues de los que nos podíamos imaginar.

A la cita acudió un público de lo más diverso; desde ibicencos llegados de todas partes de la isla a turistas y curiosos que se acercaron a curiosear desde los hoteles de los alrededores, atraídos por la música y, ante el espectáculo, se quedaron. Del gumbo popular que se sirvió entre los conciertos solo quedaron unos litros de caldo exentos de tropezones y las dos food trucks que participaron agotaron toda la comida que traían; y no era poca.

Willie Buck. Foto: Joan F. Ribas

Las pruebas de sonido comenzaron temprano, por la mañana, y se realizaron sin mayores problemas, gracias al excelente trabajo de Sonitec, con Txomin a la cabeza, que mantuvo la calidad de sonido a lo largo de todo el día. La música incluso arrancó antes de lo previsto, con Betterman DJ a los platos desde las 12,30, que volvió a salirse con una selección de temas espectacular, que se mimetizó con la atmósfera y la esencia del evento. ¡Muy grande Javi!

Cuando el gumbo, la receta típica de Nueva Orleans que preparó el gran Aitor ‘Blues Lehendakari’, que cocina tan bien como toca la armónica; es decir, de manera gloriosa, ya iba haciéndose a fuego lento, subió la primera banda al escenario: The Station Hollers. Nadie tiene la capacidad de retrotraernos a la América más profunda que esta banda, que llegó con una formación insuperable por la calidad de sus músicos.

The Sation Hollers

Ellos son Soulman Sal, que además es cantante y guitarrista del grupo Uncle Sal, donde compone canciones maravillosas; Dennis Herman, histórico músico y productor que también actúa con The Moonshine Band, Bluesmàfia y Cotton Cactus, que tocó magistralmente el dobro; Ferran Nogués, a la voz y la guitarra, también miembro de Uncle Sal y con un maravilloso disco en solitario que esperamos tenga continuación muy pronto, y P. J. González, de Cotton Cactus y compañero en la asociación Great River Road, a la batería, que es un verdadero maestro de la percusión y nos tiene impresionados desde los tiempos de The Frigolos. Juntos ofrecieron una lección magistral de los distintos géneros americanos, desde folk al blues, pasando por el country o el bluegrass. El público les aplaudió a rabiar.

The Station Hollers. Foto: Joan F. Ribas

Betterman DJ volvió a los platos en cuanto terminaron los Hollers, mientras la gente ya comenzaba a disfrutar del gumbo de Aitor, que a tenor de los constante comentarios positivos que iban llegándonos a la barra, quedó de escándalo. Se sirvieron alrededor de doscientas raciones, que fueron más o menos los mismos platos que vendieron las dos food trucks. El puesto de venta de vinilos de segundo mano, en colaboración con la Asociación Retro, también fue un éxito y muchos asistentes se acabaron marchando con algún LP bajo el brazo.

Willie Buck y su banda

Sobre las 16 horas llegó el momento tan esperado: salió al escenario la banda de Willie Buck, formada por cuatro músicos de excepción: el guitarrista José Luis Pardo, director de la Escuela de Blues de Madrid y un habitual del circuito nacional; Tota Blues (Flavio Rigatozzo), un armonicista de primera afincado en Barcelona, que también frecuenta festivales y salas de todo el país; el bajista Ernesto Larcher, procedente de Madrid, que ya ha actuado muchas veces con los dos anteriores y también con Willie Buck, y el batería local David Barona, que siempre pone la percusión a los mejores músicos de blues que aparecen por la isla y que en buena parte aterrizan aquí por él.

La banda interpretó dos clásicos del blues en solitario, hasta que en los primeros compases de la tercera canción el gran Willie Buck subió al escenario y demostró a las claras, solo con el poder de su voz, porque es una leyenda. A sus 86 años conserva toda la fuerza en las cuerdas vocales y transmite esa autenticidad que solo alguien que se ha criado en los campos de Mississippi, en el interior de una iglesia con un padre capellán que reza cantando góspel desde el púlpito, puede lograr.

Willie ofreció un repertorio plagado de clásicos del blues, donde no faltó su admirado Muddy Waters, y reivindicó su pasado como músico callejero, cuando tocaba por unas monedas en el Maxwell Street Market de Chicago, al principio de mudarse a esta ciudad, donde llegó con tan sólo 17 años. Allí acabó haciendo su vida, junto a su esposa, con la que se casó a los 23 años, y sus siete hijos (dos chicos mellizos y cinco chicas). Willie, además de cantar, antes tocaba la guitarra, pero hace algunos años se rompió una muñeca al resbalar sobre el hielo que en invierno cubre las calles de Chicago y el dolor se lo impide. Ahora solo emplea la voz para hacer blues, pero no se necesita nada más, sobre todo si aparece acompañado de una banda tan espectacular como ésta.

Paco Bobberman y Txomin (Sonitec). Foto: Joan F. Ribas

El concierto acabó con una apoteosis final, con todo el público apelotonado frente al escenario, azuzado por nuestro presidente de la Asociación Great River Road, Paco Bobberman, y saltando en las gradas. Todos jalearon a Willie y corearon su nombre con los brazos en alto. Tras los pertinentes bises, el músico se apostó junto al escenario, ya a pie de calle, y se hinchó a vender cd’s y camisetas, firmar autógrafos y hacerse fotos con todos los aficionados que así lo quisieron. Pura simpatía y genialidad. Un auténtico lujo que, sin embargo, nos deja el listón muy alto.

Gozamos, en definitiva, de una jornada gloriosa, donde por segundo año consecutivo hemos podido traer a una auténtica figura norteamericana del blues (el año pasado estuvo Greg Izor), gracias a la colaboración de nuestro querido David Barona, que está en contacto con la creme de la creme del género y siempre nos tiene en cuenta. ¡Gracias David!

Haber podido organizar este evento con el Ayuntamiento de Sant Josep y en el marco de las fiestas de Cala de Bou y Port des Torrent 2023 también ha sido fundamental. El Consistorio, además, nos proporcionó el mejor equipo de sonido que hemos tenido hasta la fecha en el Soul Food Fest, aprovechando la sinergia de tener al día siguiente a la estrella del folklore María del Monte en este mismo escenario. Así que únicamente podemos estar extraordinariamente agradecidos a toda la gente de las concejalías de Fiestas y Cultura que lo han hecho posible. También a Carles de Sa Trugeta, por estar siempre ahí y traer su mejor comida con las food trucks, a la Asociación Retro por montar el exitoso puesto de vinilos, a Pep y Pascual del Auditorio por toda la ayuda que nos prestaron, a Aitor por su maestría y esfuerzo en los fogones (queda pendiente un ‘bullit de peix’ y un chuletón), a Betterman DJ por su afinada selección musical y a todos los demás que han colaborado en el evento. Y por supuesto, a los músicos de The Station Hollers y a Willie Buck y su banda, por los recuerdos imborrables que nos dejan.

¡Nos vemos el 12 de octubre de 2024!  

A continuación, una galería de imágenes de nuestro compañero Joan F. Ribas:

Publicado por Great River Road Ibiza

Asociación Cultural de Ibiza integrada por un grupo de aficionados al rock y al blues. Nos dedicamos a organizar eventos que den visibilidad a grupos locales que se enmarcan en este estilo y fomentar un intercambio cultural con bandas de otras latitudes.

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