Pura emoción la que vivimos el jueves en la III edición del Soul Food Fest, con un Auditorio Caló de s’Oli como nunca lo habíamos visto, con cientos de personas gozando de la música y demostrándonos algo que ya sospechábamos: que en Ibiza hay muchos más aficionados al blues de los que nos podíamos imaginar.
A la cita acudió un público de lo más diverso; desde ibicencos llegados de todas partes de la isla a turistas y curiosos que se acercaron a curiosear desde los hoteles de los alrededores, atraídos por la música y, ante el espectáculo, se quedaron. Del gumbo popular que se sirvió entre los conciertos solo quedaron unos litros de caldo exentos de tropezones y las dos food trucks que participaron agotaron toda la comida que traían; y no era poca.
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